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Oración de las siete ramas

Esta oración es un método para purificar faltas y acumular méritos. Las siete ramas son: postraciones, ofrendas, confesión, regocijo en la virtud, ruego a los Budas y Guías Espirituales para que permanezcan con nosotros, súplica a los Budas y Guías Espirituales para que giren la Rueda del Dharma y dedicación. También se denominan miembros porque, al igual que el cuerpo se apoya en sus extremidades, el cuerpo principal de nuestro adiestramiento, nuestra meditación, se mantiene con estas siete prácticas. Las postraciones, las ofrendas, el regocijo en la virtud, el ruego a los Budas y Guías Espirituales para que permanezcan con nosotros y la súplica para que giren la Rueda del Dharma, son prácticas con las que acumulamos méritos; con la confesión, purificamos nuestras faltas, y con la dedicación de los méritos, impedimos que el odio u otras mentes dañinas los destruyan.

Postrarse es mostrar respeto. Podemos hacerlo físicamente, inclinándonos con el cuerpo o juntando las manos a la altura del corazón, verbalmente, recitando versos de alabanza, o mentalmente, generando fe en los seres sagrados. Lo mejor es hacer los tres tipos de postración al mismo tiempo. Además de ser una forma de mostrar respeto, las postraciones también sirven para reducir el orgullo.

Como se mencionó con anterioridad, podemos hacer ofrendas poniendo una o más filas de boles de agua -por lo general, cada fila consta de siete boles-, u ofreciendo objetos hermosos, como flores, incienso y fruta. También podemos ofrecer con la imaginación hermosos palacios, jardines, lagos, montañas y universos enteros en su naturaleza más pura. En realidad, los Budas y Bodhisatvas no necesitan nuestras ofrendas, pero esta práctica produce un efecto muy beneficioso en nuestra mente, y con ella acumulamos gran cantidad de méritos y eliminamos la avaricia.

La confesión es el método para purificar las acciones perjudiciales que cometimos en el pasado. Si contemplamos el Dharma y meditamos en él con sinceridad, comprenderemos que en el pasado hemos cometido todo tipo de acciones perjudiciales, sentiremos temor a experimentar sus terribles consecuencias y generaremos un intenso deseo de purificarlas. Para purificar nuestras malas acciones, primero hemos de reconocer sus faltas y arrepentirnos de haberlas cometido. El arrepentimiento no es lo mismo que el sentimiento de culpabilidad, sino el deseo de purificar la mente del karma negativo que hemos acumulado al cometer acciones perjudiciales. Confesamos estas acciones ante los Budas y Bodhisatvas con profundo arrepentimiento, y de esta manera recibimos sus bendiciones purificadoras. Cualquier acción que realicemos con arrepentimiento y fe, se convertirá en un acto de purificación. Si comenzamos cada sesión de meditación confesando nuestras malas acciones, servirá como método para purificarlas, pero para que la purificación sea completa, debemos prometer no volverlas a cometer. No tendría sentido confesar nuestras acciones perjudiciales si no tuviéramos la intención de abandonarlas.

El regocijo en la virtud consiste en apreciar nuestras acciones virtuosas y las de los demás, y alegrarnos de ellas. De este modo incrementamos nuestras tendencias virtuosas y eliminamos los celos y las disputas. Es una de las maneras más fáciles de acumular méritos, ya que podemos regocijarnos de las cualidades y acciones virtuosas de los demás en cualquier momento, incluso mientras descansamos.

Al rogar a nuestro Guía Espiritual y a otros seres sagrados que permanezcan con nosotros, nos guíen y bendigan, establecemos un estrecho vínculo con nuestro Guía Espiritual que durará para siempre.

Cuando suplicamos a los Budas y Guías Espirituales que giren la rueda del Dharma, es decir, que impartan sus enseñanzas, creamos la causa para que el Dharma continúe en este mundo y para volver a encontrarlo en vidas futuras.

La dedicación es muy importante porque con ella dirigimos los méritos acumulados con la práctica de la meditación hacia el logro de la Budeidad, impidiendo que sean destruidos por el odio, las creencias erróneas u otras mentes perjudiciales. Para dedicar los méritos, hemos de desear que se conviertan en causas para alcanzar la iluminación y poder de este modo beneficiar a todos los seres sintientes.

La práctica de las siete ramas se presenta con detalle en El camino gozoso de buena fortuna y en los capítulos segundo y tercero de Tesoro de contemplación.

 

 

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