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Generación del deseo de meditar Si examinamos nuestra vida, nos daremos cuenta de que empleamos casi todo nuestro tiempo y energía en alcanzar objetivos mundanos, como seguridad material y emocional, placeres sensuales o una buena reputación. Esta clase de logros nos hacen felices durante un tiempo, pero no nos proporcionan la satisfacción plena y duradera que tanto deseamos. Tarde o temprano nuestra felicidad se transformará en insatisfacción y buscaremos otros placeres mundanos, que al estimular el apego, los celos, las frustraciones y otras perturbaciones mentales, producirán de forma directa o indirecta nuevos sufrimientos físicos y mentales. Además, al esforzarnos por satisfacer nuestros deseos, a menudo se deterioran nuestras relaciones con los demás. Si no podemos encontrar la verdadera felicidad en los placeres mundanos, ¿dónde tenemos que buscarla? La felicidad es un estado mental y, por lo tanto, su origen está en nuestra propia mente y no en los objetos externos. Si disfrutamos de una mente virtuosa y apacible, seremos felices hasta en las circunstancias más adversas. En cambio, si tenemos una mente agitada e inquieta, nunca nos sentiremos satisfechos por mucho que mejoren las condiciones que nos rodean. El propósito de la práctica de Dharma es cultivar estados mentales que nos proporcionen bienestar y tranquilidad, y eliminar los demás. Los seres humanos somos los únicos que podemos hacerlo; los animales pueden disfrutar de sus alimentos y de relaciones sexuales, y también son capaces de construirse moradas, acumular posesiones, derrotar a sus enemigos y proteger a los miembros de su familia, pero no pueden liberarse de su sufrimiento ni lograr una felicidad plena. ¡Qué vergonzoso sería si malgastásemos nuestra preciosa existencia humana en conseguir los mismos objetivos que un animal! Si no queremos desperdiciar nuestra vida y realmente deseamos aprovechar nuestro potencial humano, hemos de adiestrarnos con sinceridad en las etapas del camino. ría especial denominada visión superior. De este modo, podremos disipar nuestra ignorancia y eliminar las dos obstrucciones que nos impiden convertirnos en un Buda.
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© 2003 Introducción
a la meditación |